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Es algo más que la mascota de SLAM: para el artista es el vivo recuerdo de Minerva, la esposa que le abandonó. Pertenecer a una estrella del rock le permite vivir a cuerpo de rey, pero también puede ser muy sufrido...
¿Es estresante vivir al lado de un ídolo?
Mucho. Todo el mundo quiere saber cosas de su vida, sus intimidades, sus manías. Me presionan constantemente. Hay que tener mucha fuerza, mucha energía para aguantar ese ritmo.
¿Sientes que tu propia personalidad queda un poco eclipsada por el carisma de SLAM?
Absolutamente. He de luchar continuamente para que me respeten por mí mismo, por mis valores, por mi talento. Y a veces es duro. Muy duro.
¿Cuál es tu sueño secreto?
Sacar adelante mi propia carrera musical. Estoy grabando unas maquetas muy potentes. Cuando estén listas intentaré dar el salto y empezar a volar.
Pero los pavos no podéis volar...
Era una metáfora...
Ah...
Y ya que has confesado un sueño, ¿cuál es tu peor pesadilla?
Terminar de cena de Navidad. Siento escalofríos cuando llegan esas malditas fechas.
¿Qué es lo que más te gusta de España?
Es un país un tanto alocado. Pero ya he hecho aquí buenos amigos. Y además, hay unas pavas muy guapas... (Risas)
¿Echas de menos a tu dueña Minerva?
A SLAM no le gusta que hablemos de este tema. Es su vida privada. Y no quiere airearla. Sólo puedo decirte que Minerva es una gran mujer. Eso es todo...
¿Tú lo dejarías todo por amor?
Tuve que hacerlo hace muchos años. Elegir entre la pasión y la música. Y me quedé con la música.
¿Y te has arrepentido?
No, la música es mi vida.
¿Qué tipo de música te va más?
Para el día, el rock. Por la noche no hay nada como Bach.
Define a SLAM en una palabra.
Sólo hay una palabra que puede definir a SLAM: SLAM.
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